Actualmente, las tecnologías son fundamentales para el acceso a la información y la comunicación para gran parte de la sociedad. De esta forma, la accesibilidad se define como la garantía del acceso de cualquier recurso para la totalidad de la población, independientemente del tipo de hardware, software, infraestructura de red, idioma, cultura, localización geográfica y capacidades de los usuarios.
Por esto, en varias ocasiones nos encontramos con barreras
comunicacionales que nos impiden la integración en la sociedad. La brecha digital hace referencia a las desigualdades de
posibilidad de acceso entre aquellas personas, instituciones, sociedad o países
que pueden hacer o no uso de las TIC, o que pueden o no acceder a ellas,
surgiendo exclusiones y privaciones de acceso. Esta problemática tiene como consecuencia, además, la separación y
marginación social, es decir, una brecha social.
Centrándonos en las personas con discapacidad, las tecnologías
de apoyo son una fuente facilitadora y un recurso para la mejora de su
calidad de vida. Es por ello que la Convención Internacional sobre los
Derechos de las Personas con Discapacidad (2006), estableció la obligación de
promover la investigación y desarrollo, así como la promoción de la disponibilidad
y el uso de las TIC para aquellas personas con discapacidad, eliminando los
obstáculos de acceso.
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